La vida es un camino de aprendizaje constante, donde cada experiencia nos enseña algo nuevo. Aprendemos a valernos por nosotros mismos para lograr independencia, pero con el paso del tiempo nos damos cuenta de que la lucha por sobrevivir es una constante que nunca termina.
La vida puede ser dura y despiadada, pero es precisamente esa lucha diaria la que nos ayuda a forjar nuestro carácter y a enfrentar la realidad con valentía. A veces nos da, otras nos quita, pero siempre debemos seguir adelante, incluso cuando somos mayores y nuestro cuerpo lleva las marcas de la dureza de la vida.
La escultura representa esa lucha continua a través de los guantes de boxeo, que simbolizan la determinación y el coraje que se necesitan para enfrentar los desafíos de la vida. El cuerpo está hecho con papel de propaganda, reflejando cómo la sociedad nos empuja constantemente a gastar y consumir, olvidando lo esencial.
Las piedras utilizadas en la escultura también tienen un simbolismo profundo: una en su espalda, es una brecha dolomítica, muestra las cicatrices del trabajo orogénico, mientras que la otra, en su cara, es un conglomerado de cantos rodados, unidos por la fuerza de la presión. Ambas representan las pruebas y obstáculos que encontramos en nuestra vida, pero también nuestra capacidad de superarlos.
En resumen, la vida es una continua lucha por sobrevivir y aprender, pero también es una oportunidad para demostrar nuestra fuerza y resiliencia. Esta escultura nos recuerda que, aunque la vida puede ser dura, siempre hay una manera de enfrentarla con determinación y coraje.















